Cruzar de Isla a Isla en Nueva Zelanda

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Tras haber pasado 4 meses viviendo y, sobretodo disfrutando, en la Isla Sur de Nueva Zelanda, llegaba el momento de cruzar los mares para pisar tierras norteñas. Habían sido 4 meses geniales descubriendo paisajes totalmente increíbles, como sacados de la portada de la mejor revista de “Revista de paisajes geniales”.

Maneras de cruzar una isla a otra hay dos, por aire o por mar. Si bien mi primer “cambio de isla” había sido en avión, esta vez tocaba probar una nueva forma de hacerlo … y no por gusto eh, que ya os conté una vez lo mio con las barcos.

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El principal motivo era, evidentemente, que por mucho que pagase suplementos de equipaje en el avión no iban a dejarme embarcar con mi querido coche. Es por ello que cruzar con el ferry era la mejor y, ok, única opción.

Existen 2 compañías que se dedican a cruzar entre isla en Nueva Zelanda, y yo me decidí finalmente por Bluebridge porque tras checkear ambas webs vi que tenían un barco totalmente nuevo para esta travesía. Un pequeño alivio para mi y mi trauma con los barcos jeje
Pero vamos, el Titanic se hundió en su primera travesía, lo que confirma lo estúpido de mi “modus operandi”.

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La decisión fue tomada de forma casi carente de sentido, sí, pero una vez en el barco vi que había acertado. Instalaciones super nuevas que incluían: dos salas de cine, dos mini-salas llenas de enchufes para cargar gadgets, varios bares y…sí… ¡¡¡¡Wifi!!!! ¡Wifi en alta-mar! ¿Lo has probado alguna vez? ¡Pues a mi me hizo mucha gracia poder mandar por Whatsapp mi geolocalización en medio del mar. Pero OJO, la otra gran diferencia con la competencia es que Bluebridge ofrece el Wifi GRATIS. “No hay más preguntas, señoría”

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Tras aparcar el coche en la parte inferior del barco y asegurarme 3 o 4 veces de que el freno de mano estaba puesto hasta su punto máximo, me fui a descubrir el ferry.

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Dando un paseo por proa me pareció ver algo “raro” moverse en el mar. Ese “algo raro” se movía en grupo junto con otros “algos raros”, y se dirigían “algo raramente” hacia mi. En cuanto me di cuenta que era un grupo de varios delfines una gran sonrisa se dibujó en mi cara y sentí que tenía que compartir esa alegría con alguien. Una pareja de franceses que se estaban haciendo mimos a unos metros de mi fueron los elegidos (tampoco había nadie más en cubierta…).

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Desde su punto de vista, y me atrevo a suponer que gracias al fuerte y ruidoso viento, ellos veían un tío alto totalmente abrigado y tapado con bufanda y gorro que les hacía gestos cómo un loco señalado al agua. Así que me acerqué corriendo hacia ellos y grité “¡dolphins! ¡dolphiiiiins!”. Fue entonces cuando creo que dejaron de pensar que era un loco y corrieron conmigo hacia la barandilla.

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¡Que espectáculo tan bonito ver a delfines jugando con las olas en libertad!

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Aproveché después un rato para trabajar un poco en el interior con el ordenador y casi sin darme cuenta llegó la hora de desembarcar. Y … HAS DE LEER ESTO: Los ferry de Bluebridge tienen “final feliz” :

Cuando quedan unos 25 minutos para llegar a puerto y la mayoría de la gente está en cubierta disfrutando de las vistas, una voz da un anuncio por megafonía. “Atención, durante estos últimos minutos todos los pasteles, pies y sándwich, pasan a valer 2$ “ . ¡Ofertón! Así que ya me veis corriendo y haciéndome con varios deliciosos pasteles para tener provisiones para los siguientes días.

 

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Info útil:

– La compañía se llama Bluebridge y podéis reservar fácilmente desde su página web: www.bluebridge.co.nz/

– El trayecto dura aproximadamente unas 3 horas y media

– Tienen Wifi gratis

 

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