Descubriendo Malapascua

Año 1520. Un barco repleto de colonos españoles queda varado en una pequeña isla perdida en las Bisayas de Filipinas. Ofuscados por tener que pasar la noche de Navidad en ese pequeño paraíso, deciden bautizar el lugar como Malapascua.

Isla de Malapascua

500 años más tarde y de forma totalmente intencionada llegamos hasta ese mismo lugar mi madre y yo con ganas de disfrutar de unos días de tranquilidad y sol. Nuestra primera parada en Filipinas había sido Puerto Princesa, de la que huimos al día siguiente de llegar para evitar que un tornado que rondaba por la zona nos “aguase” las fiesta.

Malapascua nos enamoró nada más pisarla.

El primer día eramos aun unos extraños para ella. Veníamos de pasar los dos últimos días de un transporte a otro y realmente lo que más necesitábamos era un sitio donde parar. Una vez lo encontramos y descansamos en el una noche, empezó nuestra historia de amor con la Malapascua.

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Puesta de sol en Malapascua

Amaneció en nuestra playa, Bounty Beach, un sol que parecía hacernos un guiño desde el cielo y decirnos “Habéis venido al lugar correcto”. Cogimos bañador, toallas y demás piezas indispensables del kit “Descubrir islas paradisíacas por tu cuenta” y fuimos en busca del camino. Queríamos cruzar la isla de sur a norte y llegar a un faro situado en la parte más alta con vistas a toda la costa.

Dejamos Bounty Beach y empezamos a recorrer la zona interior de la isla. Malapascua es sonriente, pausada, sencilla y magnética. Así lo sentimos mientras nos perdíamos, no a desgana, por sus pequeños caminos que discurren bajo cocoteros y frente a humildes casas artesanalmente fabricadas. Senderos de tierra donde los coches son profanos y solo se dejan ver niños correteando, gallinas, perros y alguna que otra motocicleta. Paz isleña.

Isla de Malapascua

Isla de Malapascua

Llegamos a la zona del muelle y dos simpáticos motoristas nos ofrecieron, entre miles de servicios más, llevarnos hacia el norte. Ahí descubrimos Mariquita Beach.

¿Te imaginas una larga playa de arena blanca y aguas cristalinas para ti solo? Pues esa es todavía mejor. Ni un solo resort cercano rompe aún la imagen de postal que regala este lugar. Grandes palmeras compiten entre ellas en un disputado concurso de belleza; pequeñas embarcaciones de vivos colores reposan en la arena esperando la hora de zarpar y curiosas miradas de niños te acechan desde las ventanas de las pequeñas chabolas cercanas. ¿Cómo no querer quedarse ahí?

Isla de Malapascua

Isla de Malapascua

Con el “placer playero” ya saciado tocaba hacer lo mismo con el culinario. Y, una vez más, siguiendo los consejos de Claudia fuimos en busca de un sitio que le robó el corazón a nuestro paladar, el humilde restaurante Isla Bonita. Quién te hable de Malapascua seguro te hará una lista con cosas imprescindibles como sus playas, sus puestas de sol o su buceo. Pero créeme, sería un error irse de la isla sin comer ahí. Su berenjena con salsa dulce y clavo, su cerdo y su pollo con sus condimentos o esos calamares fritos que nos hicieron saltar las lágrimas.

Desde que mi mamá me cocinaba no había probado unos calamares así” me dijo mi madre con cara de sorpresa y disfrute al probarlos.

Isla de Malapascua

Nos conquistó su comida, nos enamoró su gente, nos engancharon sus playas y no rendimos frente a sus puestas de sol. Solo nos quedaba entonces descubrir sus fondos marinos.

Isla de Malapascua

La larga lengua de arena de la Isla Calangaman

Nos unimos con  un barco repleto de buceadores que se dirigía a la alejada isla de Calangaman. Por aquel entonces ni mi madre ni yo buceábamos, pero la idea de hacer snorkel y pasar el día en alta mar nos atrajo mucho. A decir verdad hubo un rato que nos sentimos un poco estafados ya que eramos los únicos a bordo que hacíamos snorkel, y todo la excursión estaba enfocada al buceo.

Isla de Malapascua

 

Nuestra primera inmersión fue en medio de la nada y sin nada que ver. Solo agua. Pero tras la copiosa comida en el barco, nos dejaron a los dos solos frente a la costa solitaria de la isla Calangaman, y fue todo un espectáculo. Corales, peces de tantos colores como el arcoiris, serpientes y erizos en unas aguas cristalinas y calmadas. ¡Una verdadera gozada!

Isla de Malapascua

Malapascua tiene todo lo que se le pueda pedir a una isla paradisíaca y le falta todo lo que le faltan a las islas paradisíacas que ya dejaron de serlo. Pero lo que más tiene es un enorme poder de atracción.

Yo ya estoy preparando mi vuelta…

Info útil

Mapa de Malapascua

– Cómo llegar a Malapascua

La ciudad principal desde la que llegar es Cebu y pinchando en este link podrás ver la info detallada de como llegar de un lugar a otro. Aquí tienes un resumen:

–En bus:

Debes ir a la Estación Norte de Cebú y tomar uno de los buses que por 160 pesos de llevarán en aproximadamente 5 horas hasta Maya. De ahí salen ferrys hasta las 3pm que te dejan en la isla en 40 minutos.

–En taxi:

Desde el aeropuerto de Cebú nos lo ofrecieron por 3000 pesos y desde la estación de bus por 2500 sin regatear. Con un poco de arte seguro que puede conseguirlo por 2000.

– Ferry:

El precio del Ferry de Maya a Malapascua es de 120 incluyendo los dos transfers en una pequeña barca. Se tarda menos de 1 hora en completar el recorrido.

 

Comer en Malapascua

Sin duda alguna: Isla Bonita. Buen precio y calidad al nivel de la mejor guía Michelín. En el mapa tienes su localización.

– Dónde alojarse

Nosotros pasamos 5 días en “Evolution Resort”. Un pequeño resort en primera linea de mar con un resurante de menús deliciosos pero algo caros. Las habitaciones muy cómodas y limpias y con un genial toque “eco-friendly”.

 

5 Comments

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    • jejeje Pero en este post no menciono el alojamiento, ¿no?
      El precio que pagamos ahí y en los demás hospedajes del país lo contaré en breve en un artículo dedicado en exclusiva a eso. 😉

¡Deja un comentario...me hace mucha ilusión!

Contacto: mochilanomadablog@gmail.com