Dunedin y la Península de Otago (la calle más empinada del mundo) – Parte 2


Después de haber pasado el día paseando un rato por Dunedin y buscando (con mucho éxito) pingüinos en la península de Otago, nos fuimos en búsqueda de un sitio para pasar la noche.Elegimos una pequeña zona verde con un WC cercano y en la que solo había aparcado un vehículo más para pasar la noche. Tras cocinar un poco de pasta en el interior del coche nos fuimos a dormir para reponer fuerzas para el día siguiente.

Nos despertamos al cabo de unas horas rodeados de  ruidos raros…¿Un tractor?¿Un caballo?¿Un cerdo?…pero sí anoche aquí no había nada… Pues sí, justo en ese lugar y ese mismo día se celebraba una especie de muestra de cosas que tenía la gente de la Península de Otago. Había coche antiguos, juegos infantiles, barcos, ¿un tanque?, y animales.. entre los que no puede resistirme de sacar una foto con este.

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Una foto publicada por Jairo (@mochilanomada) el

Recorriendo la Península de Otago

otago-peninsula-albatros-2 Ya habíamos tachado de nuestra lista de búsqueda a los famosos pigüinos de ojos amarillos y habíamos visto algunos leones marinos medio dormidos. Para completar el trío de ases nos faltaba avistar al ave con mayor envergadura de alas del mundo: el albatros.  Nos dirigimos para ello a Taiaroa Head, la punta más lejana de la Península de Otago. Ahí se encuentra, justo al lado del faro, el Royal Albatross Center. Un lugar en el que aparte de ofrecer información sobre la fauna del lugar, realizan los únicos tours para poder ver el lugar donde anidan los albatros. Vamos, que o pasas por el aro y pagas, o no hay posibilidad de acercarse para verlos. otago-peninsula-albatros Hacía mucho viento y frío, había que pagar, y para mas inri aun no habían abierto, así que decidimos dar un paseo alrededor y esperar que la suerte nos pusiera un albatros delante. Pero no, no hubo suerte y solo vimos cientos y cientos de gaviotas jugando con el fuerte viento. otago-peninsula-albatros-3 Nos subimos al coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Allans Beach, dónde se suponía que podíamos ver leones marinos un poco más despiertos que los de Sandfly Beach. El camino es muy bonito y va bordeando la costa, por lo que las vistas son preciosas y van frecuentemente acompañadas de todo tipo de aves, como gaviotas, patos, cisnes… otago-peninsula-cisnes   Hasta que de repente, cuando ya no pensábamos que fuese posible (y mucho menos en esa zona de la península)…nos encontramos con un señor albatros descansado tranquilo sobre el tejado de uno de los coloridos embarcaderos. ¡ya tenemos el triangulo animal de Otago al completo! otago-peninsula-albatros-4   Allan Beach es una playa muuuy grande, con una bonita parte rocosa al final . allan-beach-3 Pero nada, parece que ese fin de semana los leones marinos habían estado de fiesta nocturna porque seguían todos medio dormidos. Soló vimos moverse a uno y fue porque un tontainas(lo siento, pero no soporto que molesten a los animales) se puso a asustarle para que se moviese. allan-beach-2



Tunnel Beach

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Antes de volver hacia Dunedin hicimos una última visita playera, estaba vez ya fuera de la Península de Otago. Fue el turno de visitar Tunnel Beach, una bonita playa con historia. Allá sobre 1870 un importante hombre de negocios de Dunedin se quedó enamorado de esos acantilados y de su inaccesible playa,  y decidió pagar de su bolsillo la construcción de un pequeño túnel para que todo el mundo pudiese acceder a ese maravilloso rincón.

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Desde luego, una playa escondida pero accesible que merece ser visitada 🙂

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Baldwin Steet, la calle más empinada del mundo.

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Antes de volver hacía Queenstown nos quedaba una cosa más que visitar en la zona. A las afueras de Dunedin se encuentra la calle Baldwin Street, que ostenta el título de “la calle más empinada del mundo“. La calle tiene, en su punto más empinado, una inclinación del 38%. Lo que significa que por cada metro caminado, ¡¡¡ subes casi 3!!!

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La subimos hasta su vertiginosa “cima” poco a poco y con algo de esfuerzo, y al bajar vimos un par de personas subiéndola corriendo haciendo footing y sin pestañear…¡Riete de Silevester Stallone subiendo las escaleras del museo de arte de Philadelphia oye!

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Después de está última  excursión pusimos rumbo a Queenstown, con ganas de seguir descubriendo este gran país. Nueva Zelanda, lo peta.

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