WWOOFING en Tailandia

Antes dejar atrás India, estuvimos buscando información para hacer voluntariado en Tailandia. Queríamos pasar unos días aprendiendo cosas nuevas, echando una mano y, obviamente, ahorrando un poco para poder alargar nuestro viaje un poco más.

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En un foro nos recomendaron la web www.wwoof.net , de la que alguien ya nos habían hablado un poco en Auroville. Así que visto que esa web parecía perseguirnos por Asia, decidimos pararnos s y dejarnos atrapar por ella.
Nos registramos fácilmente y nos pusimos en busca de algún proyecto en el país que pareciese interesante. Encontramos el sitio de Ryan, cerca de Chiang Mai, donde la propuesta era ayudarle a construir con adobe a cambio de alojamiento y comida.
Veníamos de haber estado semanas antes en la ciudad india de Auroville, donde tuvimos oportunidad de informarnos sobre construcciones sostenibles, y nos pareció una oportunidad genial.

Tomamos un bus que tras dos horas de trayecto y muuuchas paradas en distintos mercados, no llevó a nuestro destino.

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Un sitio precioso en una aldea donde pudimos conocer la verdadera Tailandia rural, rodeado de montañas verdes y campos. La casa de Ryan se encuentra al lado de dos eco-comunidades en las que también se hacen voluntariados y cursos de construcción natural, permacultura, vida sencilla y comunicacion no-violenta, entre muchas otras cosas.
Ryan tiene un terreno en medio de las dos comunidades, pequeñito pero suficiente para sus planes. Tenía ya construidos la cocina y su cabaña, ambas echas con adobe. El resto del terreno eran hectáreas de selva, plantas enormes y arboles altos. Un lugar precioso donde perderse y desconectar.

Compartimos voluntariado con un chico de Canadá y una pareja de Corea. Dormíamos en tiendas de campaña repartidas entre los arboles de la selva porque la caseta de invitados aún no había empezado a construirse, con lo que por la noche los ruidos de serpientes, pájaros y demás animales nos acompañaban constantemente.

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La sombra escaseaba en la zona, así que nos levantábamos bien pronto para aprovechar y trabajar durante las horas de menos calor. La rutina empezaba al despertarse y dirigirnos hacía la caseta de la cocina para desayunar.
El desayuno, la comida y la cena no se diferenciaba más que en los horarios, ya que para desayunar podíamos tener tranquilamente arroz, noodles o verduras. Siempre con mucho picante. Al principio nos costó separarnos del típico café matutino, pero con los días, esos picante y energéticos desayunos, fueron vitales para soportar las duras jornadas de trabajo.

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El trabajo de nuestro wwoofing era bastante duro. Para la construcción con adobe, lo primera era hacer los tochos. Para ello primero picábamos durante largo rato el suelo mientras lo íbamos remojando para ablandarlo.

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Después, cuando se convertía en un gran barrizal, echábamos cáscaras de arroz y a base de machacarlo con los pies lo mezclábamos todo.

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El siguiente paso era meter la mezcla en unos moldes para darles forma. Se dejaban al sol un día para que se volvieran a endurecer.

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Luego, después de una sesión de lijado, ¡ya estaban listos para ser usados en la construcción del lavabo de Ryan!

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A parte, también aprendimos a hacer y usar nuestra propia pintura natural, y a cocinar con un horno solar. Fueron días físicamente muy duros, pero de los que nos llevamos una gran experiencia.

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Los días que acabábamos pronto y quedaba un poquito de sol íbamos todos al lago a bañarnos, a quitarnos las montañas de barro que llevábamos encima y a lavar la ropa.

 

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 ¿Y tú? ¿ Has tenido alguna experiencia con wwoofing ?

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